Camerún

5 febrero 2009

 

 

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Boniface OFOGO NKAMA (BONI)

“Yo soy hijo de la tradición oral, porque nací y me crié en una aldea del interior de Camerún, donde la transmisión oral era la única manera de acceder a cualquier tipo de información o conocimiento. Aunque mis estudios académicos y mi experiencia vital me han conducido a descubrir la literatura escrita, la oralidad primaria en la que yo me eduqué sigue siendo mi principal punto de referencia en mi trabajo de narrador.

Llegué a España en 1988, y desde 1992 me dedico al viejo oficio de cuentero. Empecé como un juego, por casualidad, en la universidad. Ahora no puedo dejar de contar cuentos. Además de un oficio digno y cada vez más reconocido, contar cuentos para mí es una forma de buscar mis raíces; cuento para los colegios, para las bibliotecas y para las ONGs; he contado para centros de mayores, para Escuelas de idiomas, en despedidas de solteras, en bodas, etc…

Desde enero de 2005, renuncié definitivamente a mi trabajo de Mediador Intercultural en el Ayuntamiento de Móstoles, para dedicarme con carácter exclusivo al fascinante mundo de los cuentos.”

*Ha publicado el libro “Una vida de cuento”. Ministerio de Educación, 2007. Ha participado en los más importantes festivales internacionales de narración oral, en España, Colombia, Cuba,Costa Rica, Brasil, Argentina, Ecuador y Venezuela.

 

El árbol de la palabra

África es la cuna de la humanidad, y también de las leyendas y los cuentos más increíbles. Cuando cae la noche, la magia y  la fantasía se apoderan de las aldeas africanas. En torno al fuego, o bajo el Árbol de la Palabra, niños y mayores dan rienda suelta a su condición más intrínseca de humanos: la palabra, la imaginación y la necesidad de soñar. Durante horas, el ser africano echa mano de la memoria histórica, para preguntarse de dónde venimos, cuál es el origen de las cosas, porqué el mundo es tal como lo vivimos y no de otra manera, etc…

Estos cuentos y leyendas explican nuestra relación con el Absoluto. Son una escuela de sabiduría, una reflexión a veces agradable y otras amarga sobre la condición humana. El africano sabe que son cuentos, pero también sabe que son verdades como puños, porque sólo a través de la ficción podemos mirarnos en el espejo y reconocernos como seres imperfectos. En el espectáculo, los cuentos se van encadenando uno con otro, recreando así el espíritu de las veladas africanas.

Esta función es un homenaje a mi padre, que me inició a la oralidad desde mi temprana edad, y que suele recordarme  que contar o escuchar un cuento es un acto de sabiduría.

 

 

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