Alberto Miralles

19 febrero 2009

Alberto Miralles

 

Por Antonio González Beltrán

 

Nos reuníamos en casa de Alberto, calle Chapí, cerca de la Iglesia del Sagrado Corazón, a la salida del colegio. Allí, Mario -Mario Simón, mi amigo de toda la vida- y él se mostraban los tebeos -aún no se llamaban cómics- que dibujaban ellos mismos. Ambos tenían el trazo fácil; sabían lo que querían plasmar y lo trasladaban al papel con sabiduría. Yo miraba atónito, celoso de tremenda facultad, pero me tomaba mi venganza artística, porque representaba mejor que ellos a los personajes que habían creado, y, sobre todo, yo me moría mejor que ellos… Caía fulminado en el suelo de aquel comedor, porque así lo exigía el guión que Alberto y Mario habían creado en sus cuadernos, o me revolvía de dolor hasta el estertor final, si lo demandaba la acción dibujada. No sé si ellos veían mi genial actuación o si seguían enfrascados en sus no menos geniales dibujos; de lo que sí estoy seguro es de que nos lo pasábamos a lo grande.

Alberto se fue a Barcelona, Mario, a Londres, y yo, a París. Hubo un largo tiempo de distancia, especialmente con Alberto, porque Mario y yo mantuvimos una relación más cercana.

Sin embargo, los contactos con Alberto fueron constantes a lo largo de todos estos años. Alguna vez, él, Ana María Drack y yo coincidimos con el grupo que mantenía en Elche el Doctor Ruiz Rey : Gabriel Jiménez, Juan Garrigós, Isabel Martínez. Además de la vieja amistad, teníamos el vínculo común del teatro, que nos unía muy fuertemente.

Pronto, Alberto Miralles apareció ligado a la didáctica y a la creación teatral. Alumno, primero, y profesor, después, del Institut del Teatre de Barcelona, fue elaborando un nuevo concepto de teatro, a caballo entre el teatro-documento y el teatro épico, hasta crear el grupo y, con él, los Espectáculos Cátaro, que pronto recibieron el reconocimiento por su rica originalidad. Fue con esa obra, que La Carátula recibió en 1970 el Premio Nacional de Teatro Juvenil. Otro vínculo más.

Al tiempo, Alberto alentó y dirigió la revista teatral Yorick, alimento indispensable para los nuevos creadores. Para nuestro grupo, esa fue la fuente principal de información teatral, junto a Primer Acto, revista dirigida por José Monleón, que publicó los Espectáculos Cátaro.

No sólo desde su revista, también desde la relación personal, Alberto aconsejaba títulos, hacía sugerencias, influía en La Carátula, a donde ya había vuelto Mario Simón, desde su Londres pictórico. Ese magisterio nos venía, sobre todo, desde su práctica teatral; leer sus textos, ver los espectáculos que dirigía, comprobar cómo elaboraba el proceso hasta el hecho físico de la puesta en escena, era una fuente inagotable para quienes nos iniciábamos en el aprendizaje del oficio. No olvidaré nunca con qué dedicación profesional, con qué curiosidad intelectual y artística, realizó su colaboración con Adolfo Marsillach, en su dirección de “los locos” del hospital de Charenton, para el Marat-Sade de Peter Weiss, donde formaba equipo con Antonio Malonda y Francisco Nieva. Pues bien, estando en ese nivel indiscutible, Alberto se informaba de primera mano para su trabajo: acudió a un joven psiquiatra ilicitano, José Sánchez Martínez, médico en prácticas, para observar en directo su objeto de estudio.

Luego fue Madrid: la Asociación de Autores, su defensa de un teatro de autores españoles, su indiscutible convencimiento de que el teatro no era sólo el naturalista, su vocación investigadora y pedagógica, su inagotable capacidad de trabajo.

Es un ejemplo claro para muchos, porque a pesar de estar entre los profesionales indiscutidos desde hace tiempo, nunca perdió aquel espíritu inicial, aquel entusiasmo por la búsqueda que le descubrí siendo muy, pero que muy jóvenes, cuando Mario y él dibujaban tebeos y yo me moría tan bien.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2 comentarios to “Alberto Miralles”

  1. Andrés González said

    Qué recuerdos, ¿eh?

  2. Maria Gabriela Paiva said

    Honor a quien honor tiene, querico recordar contigo a tus amigos, tus amigos del teatro y de la vida, espero que tu alma siempre se mantenga joven para que contiues con esta vocacion tan llena de magia.
    DAME un BeSiTO Puessss!

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