Cuentos y leyendas populares de Marruecos

4 octubre 2009

Portada_marruecosAcabo de entregar la galeradas corregidas de mi traducción de “Cuentos y leyendas populares de Marruecos, recopilados en Marrakech por la Doctora Légey”.

Son cuentos maravillosos, de animales y leyendas hagiográficas de santos, especialmente de Sidi Bel Abbes, el patrón de Marrakech.

El libro salió el 26 noviembre, 

editado por Siruela.

y se presentó en la Llibreria Ali i Truc, de Elche el 21 de diciembre, con el madrinazgo de Ana Cristina Herreros, directora de la colección. Fue todo un éxito.

Aquí tenéis el

PRÓLOGO

de

Antonio González Beltrán

 

 

La lectura y traducción de este libro ha sido para mí recuperar con los cinco sentidos el Magrheb conocido e imaginar el desconocido. Es decir, un redescubrimiento de lo ya vivido por experiencias personales y profesionales, así como un acercamiento a lo que sólo había intuido.

Magrheb es una de esas palabras polisémicas, rica en matices, que nos puede hablar de una gran región, compuesta fundamentalmente por tres países: Túnez, Argelia y Marruecos, pero también es el nombre árabe de este último país, y, por último, así denominan los musulmanes a la oración de la tarde, la del atardecer. Porque en realidad, magrheb significa puesta de sol, poniente, occidente.

Pues, bien; en ese entorno geográfico del noroeste de África se van a desarrollar las acciones de estos noventa y tres cuentos, teniendo como epicentro la emblemática ciudad de Marrakech.

Marrakech es un paradigma para los cuenteros.

Uno se imagina la plaza de Jama el-Fna (1) en plena ebullición y eso quiere decir encontrar en esa misma plaza y al mismo tiempo a culebreros, magos del fuego o del agua, encantadores de serpientes, domadores de animales salvajes, curanderos, sacamuelas, danzantes, músicos, equilibristas… y, lo que más nos interesa, los “hlayqi”, los “arrauri”, los “alhakauati”, los “medeh”, los “bululah”, es decir, los cuenteros. ¿O podríamos decir juglares o bululús?

Cada uno de ellos ha ocupado un espacio para demostrar sus habilidades y así ganar unas monedas de los curiosos. Todos actúan simultáneamente tratando de conquistar al público del vecino. El griterío es ensordecedor. En medio de ese ambiente sonoro y visual, odorífico también, pues no sería raro que hubiera cerca un puesto de merguez o de pasteles o de turrón, y, naturalmente, táctil –el roce humano es inevitable e inevitado; en medio de esa algarabía, digo, llega el cuentero.

Llega apoyándose en un largo bastón y cubierto con su burnús. Elige el lugar y con su bastón dibuja un amplio círculo en la tierra, se coloca en el centro, hace la llamada: “En tiempos en que los ciegos cosían y donde los paralíticos saltaban por encima de las murallas…”, atrae la atención de los presentes e inicia su primer cuento. Empieza la halka: ese fenómeno escénico en el que un sólo actor narra la acción y actúa los personajes, rodeado por el público; se dirige a todos girando su mirada, su cuerpo y su voz en todas direcciones, porque no puede perder la atención de su público. El bastón y el burnús serán los únicos accesorios escénicos que utilizará este actor ambulante, cómico de la legua al fin, cuyas armas más eficaces son su voz y su gesto. El bastón se transformará en caballo, en catalejo, en espada, en la lanza milagrosa de Sidi Bel Abbes; lo utilizará para pinchar el burnús elevándolo y sujetando uno de sus picos para hacernos ver que ahí tenemos una jaima. El burnús le servirá para vestirse de vieja o de doncella, de chacal o de león, para fingir una nube o un jirón de cielo, una montaña o una cueva…

Y el público irá creciendo, hasta que nuestro maestro de la palabra decida que ha llegado el momento de pedir su paga. Ahí hará subir la tensión del cuento y en el momento álgido lo detendrá en mitad de la intriga… El auditorio, curioso, abonará su moneda para escuchar la continuación de la historia.

(1)   Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, intangible, dice la UNESCO, como “El Misterio de Elche”; esos dos nombramientos se produjeron en la misma fecha, el 18 de mayo de 2001, y fue la primera vez que se concedió esa denominación.

Y, si el cuento es largo, repetirá su estratagema alguna vez más, pues siempre hay público nuevo que acude entre dos oraciones, entre dos llamadas del almudín desde el minarete de la mezquita.

Quiero que recuerden el hecho de que nuestro cuentero tiene que ejercer su oficio en medio de un ruido difícil de vencer, y que atraer al público en medio de tanta oferta visual y sonora no es nada fácil. Sin embargo, el dominio de las inflexiones de su voz, la maestría con la que maneja sus pausas, sus intenciones, sus miradas y sus gestos, hacen que su auditorio permanezca atento y, sobre todo, que le compensen con las necesarias monedas para seguir su camino. Algunos, incluso, se acompañan de instrumentos musicales e introducen cantos, siempre con la intención de ser más atractivos que los otros.

Pero, ahora, dejen ese bullicio, trasládense a la corte del Sultán y asistan con él y su familia a una sesión de cuentos realizada por una vieja esclava, por una cherifa o por un almudín, mientras se toman un oloroso té con menta.

Esperen a que se vayan a dormir los personajes principales y bajen luego a las cocinas. Allí se encontrarán a las mujeres de la servidumbre de palacio, comiendo esos pastelitos rebozados de miel tan sabrosos, y quizás una mendiga ciega, a la que hayan dado cobijo esa noche como huésped de Alá, inicie la narración de una historia escuchada por las plazas y los caminos recorridos o en otras cocinas donde le ofrecieran una harira y un cuento.

Los ambientes serán distintos, pero el encanto de los cuentos será siempre el mismo, lleno de la magia sustentada en el imaginario colectivo de ese pueblo, cuya cultura está basada en la oralidad.

En este caso, cultura oral no es antagónica de cultura letrada, bien al contrario. Los países musulmanes tienen un profundo conocimiento de la lengua clásica árabe, aunque sólo sea por la obligación de acudir desde niños a las escuelas coránicas. Naturalmente, la lengua oral es la coloquial, dialectal, con la que se expresan habitualmente y con la que transmiten los cuentos.

La doctora Léger recopiló de boca de estos narradores y narradoras, directamente, en la Plaza Jama el-Fna, en sus visitas médicas o en su propia consulta, noventa y tres cuentos, que organiza en tres series: Cuentos maravillosos, con muchos ogros y ogresas, pero donde uno puede encontrar versiones locales de la Cenicienta, Piel de Asno, Blancanieves o el Principe Lagarto. Cuentos de animales, que funcionan como nuestras fábulas tradicionales, donde, naturalmente, los animales nos representan. Y, por último, leyendas hagiográficas, la mayoría dedicadas a la vida y milagros del santo patrón de Marrakech, Sidi Bel Abbes, que es capaz de enviar a un pecador hasta el Cairo de un puntapié o de transformarse en pájaro para salvar a un devoto.

Françoise Léger llega a Marruecos como funcionaria del Ministerio de Asuntos Exteriores francés, para permanecer luego como médico de la Assistance publique, y es gracias a este nuevo cometido que tiene la oportunidad de penetrar en todos los medios, lo que le permitirá llevar a cabo una encuesta sobre la tradición oral y el floclore popular norteafricano. Baste citar, como ejemplo de su interés por el patrimonio cultural del pueblo marroquí, su Essai de floclore marrocain (2) y, naturalmente el libro que nos ocupa.

Ya llevaba viviendo en Marrakech quince años, cuando nuestra recopiladora publicó su libro Contes et légendes populaires receuillis à Marrakech (3) lo que le permitió almacenar una importante información sobre los temas que le interesaban.

      (2)París, Paul Genthnet, 1926, in 8º.

       (3) París, Editions Ernest Leroux, 1926, in 8º.

      Los resultados son muy ricos y nos amplían el panorama de los cuentos tradicionales, al tiempo que nos demuestran, una vez más, que lo más autóctono de un lugar puede aparecer también como originario en cualquier punto del planeta. En este caso, claro, la cercanía geográfica y cultural es tan grande que no es extraña la repetida coincidencia en temas, estructuras y desarrollos con la cuentística europea. Bástenos recordar, como cita obligada, el origen oriental de nuestros cuentos: el Calila e Dimna, Mahabarata y tantas otras colecciones que nos legaron.

       El trasiego oral, la itinerancia viajera de los cuentos es tan evidente que ya no hay que dar más explicaciones a estas alturas sobre la contaminación, siempre positiva, de las tradiciones. El mismo cuento, con sus variantes locales, puede aparecer en continentes muy lejanos, no digamos de los más cercanos.

        Personalmente, desde mi perspectiva de cuentero y de filólogo, estos cuentos me han transportado, por un lado, a las primigenias técnicas de la cuentería, y, por otro, a la búsqueda del lenguaje puro y certero del narrador tradicional; pero, como decía al principio, sobre todo a la impregnación ambiental, al reencuentro con los sabores y olores de mi Argelia natal: el cuscús, el zeitún, la harira, el jobs

         Fue particularmente muy emotivo para mi saber que el nombre de mi ciudad natal, Sidi Bel Abbes, en Argelia, correspondía al del santo patrón de Marrakech, en Marruecos. Aquella Argelia que acogió a mis padres, exiliados republicanos, y donde yo aprendí de manera empírica el oficio de actor, y, por ende, de cuentero, gracias al arte de cómicos de la legua que ejerció mi familia durante largos años en aquella parte del Magrheb.

¡Que Sidi Bel Abbes proteja este libro! Hinchalá.

2 comentarios to “Cuentos y leyendas populares de Marruecos”

  1. catherinegonima said

    hola.a ver si esta vez pasa algo.acabo de llegar de colombia a barcelona y no he podido encontrar un contacto de cuenteros actualizado,ni donde se presentan.si hay cursos de cuenteria etc.estoy iniciandome ,ya alcance a contar dos historias que escribi, en cali y me encantaria hacer contacto y seguir aprendiendo.si leen este mensaje ,podrian contestar por fa.? gracias de antemano.

    • lacaratula4 said

      Hola, s que se cuenta en el Caf Harlem, de Barcelona.

      Entra en la pgina de Arnau Vilardeb o en la de Alekos (compatriota tuyo).

      Por ah te podrs orientar.

      Yo estoy muy lejos.

      Saludos.

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