Antonio queridísimo! de verdad qué niña agradecida y profunda es Olivia. Habla por todos nosotros, como si realmente hubiera tomado el espejo colectivo para vernos todos en él. Me hizo extrañarlos triple, y cómo me cuesta ahorita lo cotidiano sin el camino que siguen recorriendo! El que me tocó compartir es como una bendición, como una limpia mexicana, como un gatillo renovado hacia el afecto y el poder de la verdad. ¿Cómo sigue la gira? ¿Cómo los recibe el país vasco? ¿Cómo te sientes tú después de este migrar de almitas a tu cargo? ¿Estás orgulloso de tus ovejas elocuentes? Extraño mucho mucho la gracia, los dones de lo que el festival nos regresó, Te confieso: algo muy esencial cambió mi percepción de lo necesario, como después de mucho tiempo de no haberlo visto o vivido.
La vocación de lo cercano, de lo límpido, de lo transparente. Aquí ando entonces a los tropezones, esquivando obuses y guerras inútiles, sobornos de corazones pesados, o sin consistencia. Menuda vorágine en la que me metiste! Te agradezco tanto, aunque estuvieras tan preocupado y distraído ( Ahhh!) el chance del reencuentro y del cambio.

El 16 de marzo de 2010 20:13, Olivia Vidal <oliviavidal@gmail.com> escribió:

De puentes y otros vínculos
México-España-2010

Estoy a doce mil metros de la tierra y me muevo a seiscientos kilómetros por hora, en medio de cincuenta y tres grados bajo cero. Creí que era suficiente altura y velocidad para que mi cabeza estuviera fría; para establecer la distancia necesaria de una experiencia única, pero no, descubro con mucha emoción que sigo volando por fuera y por dentro.

Mi corazón acaba de pasar por un proceso intenso y se fue desdoblando poco a poco, como las carreteras; abriendo más carriles que, al mismo tiempo, conformaron los cimientos de un puente firme que cruza el Atlántico de ida y vuelta. El pavimento es de la más alta calidad porque está hecho de cariño entrañable, disfrute sencillo, miles de risas espontáneas, confianza, respeto, generosidad, aprendizaje, besos, abrazos, sorpresas hermosas, entrega fraternal y amigos: los de siempre y los nuevos, los que da mucho gusto estrenar.

Simplemente puedo decir que no hubo ningún tránsito: la integración fue inmediata y me sentí, en todas las casas que me abrieron sus puertas, igual de feliz y plena que en la mía.

Las palabras fluían a torrentes, contentas de salir a pasear, y formaban historias absolutamente propias: describieron momentos, situaciones y emociones que, en el fondo, hablaban de mi; de lo que he sido, soy, y probablemente seré. Una colección de espejos colocados estratégicamente por la vida, fue reflejando despacito mis orígenes, mientras dos preguntas se repetían una y otra vez en mi cabeza: de dónde vienes y a dónde vas.

El sonido de nuestras voces hablando produjo una infinidad de chispas de colores; polvo de estrellas que flotaba en el aire de las calles: jamás me sentí tan acompañada de los que nos faltan en carne, pero no en espíritu. Evocarlos, vivirlos de nuevo, dejando que nos acariciaran con todo el amor que nos dieron, con lo mejor que nos heredaron: su ejemplo, sus ideas, sus convicciones y calidad humana; seres extraordinarios que nos marcaron para siempre y que felices se posaban entre nosotros cada vez que los sacábamos de la memoria, de nuestra memoria común; de nuestra historia íntima.

La convivencia entre los recuerdos y las vivencias inmediatas fue perfecta y formará, sin duda, una cadena de experiencias indeleble.

Todavía no se cómo agradecer la enorme entrega que vivimos y la posibilidad de disfrutar a cada persona que conocí, haciendo uso de la honestidad, el respeto y el cariño, valores comunes a mi familia y amigos, independientes de ideologías o preferencias.

Fue muy importante ir calzándome sin prisas los zapatos de los otros; los que se quedaron, los que vivieron años de atraso, represión e injusticias y que han sabido salir adelante, para orgullo infinito de los que estamos lejos. Valoro profundamente cada parte de esta historia dividida y común al mismo tiempo, dándome cuenta de que somos tan iguales como diferentes, lo que nos hace ser una gran familia circunstancialmente separada, pero sólidamente formada.

Son estas las lecciones que nos da la vida sin matricularnos, y nos las suelta así: detrás de cualquier esquina. Lo bueno es que es fácil sobreponerse al dolor, pensando que son el alimento para seguir creciendo, que al final es lo mejor de nuestras pequeñas existencias.

Tengo un problema ahora y es que no se muy bien cómo controlar mi lista de pendientes, completamente desbordada, y sólo se me ocurre pensar en el momento de volver a cruzar este hermoso puente para regresar a cumplirlos uno por uno y libreta en mano.

Lo único que les pido es que no me cobren por disfrutar, porque les garantizo que la bancarrota será absoluta.

Los quiero mucho y los querré siempre.

O